viernes, 9 de mayo de 2014

Boko Haram…

Jorge G. Alvear Macías

@jorgalve


aterroriza al pueblo de Nigeria. Ese sí es un grupo armado irregular que desafía al Estado, con armas de asalto que solo deben portar las fuerzas legítimas de seguridad para proteger a los ciudadanos. Boko Haram utiliza uniformes militares, vehículos blindados y bajo el grito de “Dios es grande” dispara granadas con lanzadores y bombas caseras en mercados llenos de gente.
Las noticias desde el continente africano espeluznan cuando nos recuerdan que el mundo civilizado no está haciendo bien las cosas, no obstante los grandes esfuerzos para encontrar el justo equilibrio de los derechos. De pronto descubrimos que hay sociedades que están más cómodas con las condiciones del pasado, con la intolerancia y la negación de los derechos de los demás, especialmente de la niñez y de la mujer. Todavía existen sociedades en las que la discusión de los temas de interés general se admite pero parcialmente, sin incluir los que no son negociables para un bando o líder.
Lo que acontece en Nigeria parece propio de una pesadilla. Un país en donde los miembros de una familia, en algún momento, pueden recibir la noticia de que su hija fue secuestrada de la escuela y probablemente será convertida en esclava sexual y vendida luego para el negocio de la prostitución; y que, en el mejor de los casos, podrá tener noticias de ella –buenas o malas– ¡después de diez años!

Es el escalofriante mensaje que difunde el grupo –paramilitar– islamista Boko Haram, que secuestró a más de 270 niñas nigerianas hace tres semanas y amenazó con venderlas “en el mercado”. Allá hay padres desbordados por la angustia en medio de la conmoción de ese país y del mundo entero. Unas 50 niñas lograron escapar para contarlo y para la felicidad de sus padres, que siguen temerosos.
El jefe de los rebeldes, Abubakar Shekau, se exhibe en un video distribuido por las agencias noticiosas, vestido en traje de combate junto a un vehículo blindado “y dos camionetas dotadas de ametralladoras”… no de escopetas de cacería como se ha visto a ciertos indígenas de nuestra Amazonía. En el caso de Shekau su presencia es amenazante, violenta y sin medias tintas, diciendo: “Hemos secuestrado a sus hijas. Ahora son esclavas, las venderemos en el mercado en nombre de Alá. Le pertenecen”, y para que no haya duda lo expresó en lengua hausa, árabe e inglesa.
Como si lo anterior fuera poco para el estado de locura también advirtió: “He dicho que la educación occidental debe cesar. Niñas, deben abandonar (la escuela) y casarse. (…). Me voy a casar con una niña de 12 años, me voy a casar con una niña de 9 años… Hermanos, deben cortar la cabeza de los infieles. Hermanos, deben capturar esclavos. (…) Hermanos, hay esclavos en el islam, no se dejen engañar”.
¿Qué está haciendo el mundo? ¿Qué hará nuestro país ante una tragedia que solo confirma lo que es una práctica milenaria en contra de las niñas en ciertas sociedades islámicas? Se dice que algunas de las 223 escolares aún en cautiverio fueron ya vendidas como esposas en la frontera con Chad y Camerún al precio de 12 dólares.
*Publicado originalmente en el Diario El Universo, el día viernes 9 de mayo del 2014.


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